miércoles, 26 de octubre de 2011

Red de transgresiones en “Emma Zunz”: de la violación a la ficción


 NOTA: Aquí mi primer trabajo de la carrera de Letras, hecho a principios de 2010. Una lectura rara cuyas ideas creí delirantes y luego, bajo la pluma correctora de los raros personajes-profesores de la calle Puan, resultó un éxito. Lo publico tal cual, con sus errores y fallas para ir viendo la evolución de los delirios intelectuales que surgen de las parades y las aulas de Filo y Letras.

Red de transgresiones en “Emma Zunz”: de la violación a la ficción
En el presente trabajo propongo desarrollar un posible análisis del cuento “Emma Zunz”, que pertenece al libro El Aleph de Jorge Luis Borges. En varios niveles relacionados con el tiempo, la mente y la sociedad se llevan a cabo violaciones y transgresiones que los personajes ejecutan y padecen. Estas transgresiones atraviesan el cuento en su totalidad argumentativa y discursiva. Son parte de la protagonista, del entorno de personajes e incluso del narrador. Distintas son las causas de estas violaciones, distintos también son los efectos. Centraré dicho análisis en la búsqueda de estas transgresiones encarnadas en cada personaje y en la red de transgredidos y transgresores que se construye en el relato. A partir de esto surgirá la hipótesis: sobre esta red, descansa una violación de la realidad que, a pesar de ser sustancialmente cierta, es transgredida y presentada con características ficcionales.
Como he mencionado, leer “Emma Zunz” es leer una red de violaciones firmemente conectadas. Una de ellas es detallada y demostrada en el contenido del cuento. Se manifiesta a nivel físico en una realidad atemporal que existe en la mente de la protagonista. Es posible pensar que en dicha violación confluyen otras, empezando a formar una interconexión. El ultraje físico es interpretado moralmente como una deshonra hacia la integridad femenina. En un primer instante, esto lleva a creer que la protagonista decide concientemente la destrucción de su integridad. Pero ¿hasta qué punto Emma, desde la no-experiencia, conocía los efectos de su sometimiento?  La respuesta puede estar implícita en la siguiente cita: “Los hechos graves están fuera del tiempo, ya porque en ellos el pasado inmediato queda como tronchado del porvenir, ya porque no parecen consecutivas las partes que los forman” (Borges 1949, 62) El narrador parece especificar una pérdida del hilo de la continuidad del tiempo en la mente de la protagonista. Su no-experiencia, su temor a los hombres se manifiesta en la pérdida de la noción del tiempo, en un encuentro con su mente donde las piezas de los hechos no encajan. Emma comete dos violaciones en el mismo acto: una contra su cuerpo, que  le da las pruebas empíricas; otra contra su mente, que le ofrece una justificación personal secreta. Es importante especificar que el marinero no es un violador, él también es víctima del acto. Emma le miente fingiendo ser quien no es, lo usa, lo ultraja haciéndolo actuar omitiendo todo efecto o consecuencia. El marinero es simplemente un medio, medio necesario para el fin. El marinero es ultrajado sin saberlo, no conoce el fin de sus actos ni la consecuencia que estos pueden tener. La acción es disfrazada, es violada. Hasta aquí, el primer punto de esta red.
Con el anterior punto se podría establecer una analogía con otra violación que no se conoce en profundidad y que no es fácil comprobar si fue sustancialmente cierta. Se puede extraer de las siguientes citas: “El hombre la condujo a una puerta (…) y después a un vestíbulo (en el que había una vidriera con losanges idénticos a los de la casa de Lanús)” (Borges 62) y “Pensó (no pudo no pensar) que su padre le había hecho a su madre la cosa horrible que a ella ahora le hacían” (Borges 62) Emma considera que su madre vivió la misma situación, que padeció la misma cosa horrible. Desentrañar si realmente para su madre fue una cosa horrible o si  Emma, presa de la no-experiencia y del horror lo piensa de esa manera, puede admitir varias hipótesis que se escapan de este eje de análisis. Por eso lo considero desde la perspectiva de la protagonista. Aquí está la primera analogía entre las violaciones. La analogía entre la cosa horrible que su padre le había hecho a su madre y la que le hacen a ella está presente en dos puntos. Hay una imagen correspondiente a la primera cita que remonta a la imagen de su casa de la infancia. Por otro lado, hay una analogía ya mencionada, que es la que Emma presenta cuando se compara y se siente semejante a su madre. A la segunda, a la análoga, se la puede ubicar en un nivel que pertenece a la interacción entre imaginación y recuerdo que se desarrolla en el pensamiento de la protagonista. Este punto de la red es importante pero secundario, no hace al cuento, pero genera interacción.
Otro punto de esta red de violaciones es el ocupado por el padre de la protagonista. Emmanuel Zunz comete una autoviolación, atenta contra su propia vida intencionalmente. Esta autoviolación se construye en un nivel que está más allá del cuento y el relato de la acción. Sin embargo, hay un puente que se construye entre ese nivel y las acciones del relato. Ese puente es la carta. Es la carta la que comienza el texto y da lugar a los actos. Es un puente entre las noticias y el camino que lleva a cabo la protagonista. A partir de aquí se observa un punto que precede a la autoviolación de Emmanuel Zunz. Otro punto de la red está en manos de Lowenthal. La violación que le atañe no está en el centro de la red. En el relato lineal es un principio desencadenante del fin y Emma es la producción de los medios. En la red que fabrica el cuento forma parte de una relación triangular. Tal como está narrado en el cuento, existió un robo por el cual fue acusado el padre de la protagonista. Sin recaer en la veracidad o no veracidad de estos hechos vuelvo a retomar la perspectiva de Emma: el ladrón fue Lowenthal. Siendo autor del robo, provoca una violación en contra de Emmanuel Zunz. Esta transgresión se ubica a nivel social. Emmanuel sabe que es inocente y su hija también. Pero es condenado socialmente, se ve obligado a alejarse de su trabajo y su familia. Se lo despoja de su dignidad frente a la sociedad. No afecta a su integridad y a su conciencia pero como violación de su imagen afecta a lo que su entorno piensa, conserva y recuerda de él.  Esta transgresión  que recae sobre el personaje desencadena en la narración lineal los actos de violación que Emma comete contra Lowenthal y contra sí misma. Sin embargo, en la red forma dos lados del triángulo. Uno de esos lados representará una nueva analogía. Cambian los personajes, cambian las causas y la dimensión. La analogía se establece con el tipo y el nivel de la violación. Aarón Lowenthal es violado socialmente, previo cobro de intereses. El efecto es el mismo, Lowenthal y Emmanuel Zunz mueren casi simultáneamente a nivel temporal. La diferencia radica en que lo que para Emmanuel fue el exilio y luego la muerte, para Lowenthal fue la muerte lisa y llana. La equivalencia está en la violación a nivel social. Ambos sufrieron un ultraje del recuerdo que el entorno tendrá de ellos, ambos serán indignos. La violación social tiene el particular efecto de cambiar parcialmente la identidad de las víctimas. Finalmente, se nos presenta el tercer lado del triángulo. Ese lado une la doble violación que Emma comete contra sí misma por medio del marinero y la violación que luego comete contra Lowenthal. Si bien en un principio este acto parece ser sólo el medio para llegar al fin último que es matar a Aarón, en la siguiente cita cambia el sentido: “Más que la urgencia de vengar a su padre, Emma sintió la de castigar el ultraje padecido por ello” (Borges 64) Por lo tanto, hay dos causas interconectadas que a su vez se conectan con la violación social hacia Lowenthal. Esta es la relación triangular de la red de transgredidos.
Las violaciones hasta aquí manifestadas son propias de la narración, se encarnan en el contenido para darle forma a las acciones. Se constituyen en distintos niveles y es por eso que el efecto es diverso en las víctimas. Aún así, es preciso retomar la última violación social para abordar otra nueva. La protagonista, Emma Zunz, no sólo ataca el recuerdo social que envuelve a Aarón Lowenthal sino que también va en contra de su propia historia y realidad. Emma escribe una ficción con su cuerpo. Su cuerpo es la pluma que le da vida y tinta a la realidad ficcional que ella construye a partir de la figura de Aarón. Su cuerpo es la prueba empírica, es la marca de lo irrefutable, es el eje que la acredita para transgredir la realidad. Construye una ficción basada en la realidad “(…) sólo eran falsas las circunstancias, la hora y uno o dos nombres propios” (Borges 66). Emma desde la transgresión es una jugadora que mueve piezas. La realidad sigue siendo sustancialmente cierta, sólo cambian los rótulos, cambian las piezas y los nombres. Una historia es rebajada del nivel real al nivel ficcional, entre estos niveles oscila la violación, que, increíblemente cierta, es aceptada por todos.
Finalmente, queda por presentar a un último posible transgresor: el narrador. El nivel que le concierne no forma parte de la red de transgredidos y transgresores sino que la engloba. Antes de continuar, es importante especificar las marcas de presencia del narrador en algunas citas: “Yo tengo para mí que pensó una vez y en ese momento peligró su desesperado propósito” (Borges 62) y “(…) repitió lo que tantas veces repetiría, con esas y otras palabras” (Borges 65) El narrador irrumpe en el texto. Además de narrar, comenta, especula, se pregunta cosas y afirma otras. Si bien no es la identidad del narrador lo que preocupa en este análisis, hay algo conflictivo en torno a su presencia y su singular narración. Si el secreto de Emma es oculto, si su ficción es increíblemente cierta ¿cómo es posible que el narrador conozca no sólo los hechos detallados, sino también ciertos pensamientos de la protagonista? Una posible respuesta es considerar al narrador como divulgador de un mito. La conciencia popular suele crear historias detrás de las historias. Detrás de las noticias se trabajan hipótesis acerca de otros posibles acontecimientos que desembocan en el hecho. Esto significa que el narrador puede ser visto como el transgresor principal, el cimiento sobre el cual se construye esta red, el inventor de la ficción. Se puede pensar que no hubo plan, que no hubo ultraje físico, que no hubo muerte. Se puede pensar que Emma afirma lo que realmente pasó, que al nivel del narrador no es una violación lo que ella comete, no es una ficción. Es posible creer que el narrador es amante de lo trágico, es violador de historias, es creador. Que Emma Zunz sea violada por Lowenthal y que ello culmine en la muerte del violador es un hecho simple, es lo que se espera, es un hecho sin planes y sin pasado, es un hecho más cercano a cotidianeidad. Según esta posibilidad, el narrador es un amante de historias entrelazadas que abarcan giros, tiempos y redes. Viola la historia de Emma Zunz, construye en su vida una red de violaciones que validan la ficción, opina y argumenta para evitar la exactitud. Sin notar la productividad de su violación, le abre las puertas al lector y lo enfrenta a dos realidades, a dos carillas de la misma página. En una, Emma Zunz es una mujer violada que actúa en defensa propia. En otra, Emma Zunz es una transgresora de su integridad y una violadora social, es el instinto de venganza, es la representación del sacrificio, es el centro de una red de violaciones y una escritora de ficción. La elección de una u otra es estrictamente personal.

jueves, 21 de octubre de 2010

Escritos entre rutinas VII

¿Es reflexión o es agua que se escurre en las manos oxidando todo aquello encapsulado en el verbo "tener"? ¿Es derrota o es el miedo, el temor, el traicionero que no sabe hablar, cuyo silencio es agua? ¿Es inmadurez, petrificación o un constante devenir de la mente que se empeña en enfatizar la novela social escapando de su protagonismo con culpa?

Las preguntas se asemejan a las mentiras. Buscan el lugar exacto para posicionarse en una realidad abstracta y ven todo desde la perspectiva más coherente, dejando atrás al sujeto tonto que aún trata de discernir entre lo bueno y lo correcto en pos de su inserción social. Y mientras acá, nosotros callado, nosotros sujeto, nosotros pregunta, escapa por las vías del tren en las dos direcciones. Elástico e impuro, tratando de abrazar amor y dolor al mismo tiempo, se rompe los huesos el nosotros, crujiendo sin prisa en las estaciones, defendiendo sofisticada y sugestionadamente todo aquello que puede llamarse propio pero es sólo agua. Entonces, hay un esfuerzo desmedido por sostener el agua; el nosotros quiere ser protector y héroe, quiere exponerse sin botones de auxilio ante el peligro inminente del óxido social. Inocente se estira, buscando el control llora, y siente bajar un sentimiento tan abstracto y fuerte y pasional que le rompe aún más los huesos y lo obliga a estirarse aún más, a completar los ramales del tren con su piel ya cansada, frágil, incapaz. El nosotros se vuelve negro, por las noches sufre y ruega por el amor, pide compasión y construye, imagina e incluso vive el momento en que su elasticidad sea abarrotada por las tijeras de la inseguridad y uno de los tantos que están en los rieles se vaya, quede expuesto y se oxide cerca de una estación. El nosotros amenaza a su conciencia, le pide silencio y sabiduría, le jura su propia muerte. Y el sentimiento incoherente lo acongoja, no pide perdón, es un cáncer maligno que ataca cada una de sus células, que lo deja postrado mientras vive todos los días, que no tiene medicina. Se expande, es parásito de la mente, es sobresalto y es sobre todo, más que todo y para todos, algo, que tiene el orgullo de llamarse miedo. Y yo, en el medio y en el miedo del nosotros, soy otro corazón más, expandida hasta en la sombra más oculta, a espaldas de los que no saben, tratando desde mi ínfima partícula de vida, buscando adquirir la elasticidad para cubrir todo aquello que me importa. Y como no puedo cubrir estaciones enteras, lloro; el nosotros sigue rezando por el amor y yo lo sigo en su convicción casi imprudente. Es entonces cuando la palabra "perder" constituye la negación profunda a vivir en paz, la soledad de saber que hay un mundo y no poder disfrutarlo por una enfermedad autoadquirida en tiempo presente. Y todo confluye en lágrima, en intriga, en insatisfacción con el óxido, las tijeras y el tren. Y como pequeña integrante del nosotros, busco la necesidad y el poder del escape constante, como si el sentimiento no estuviera desde hace rato en mí, como si otro mundo fuera posible para tranquilizar a las bestias dispuestas a la lucha descontrolada. Es el dolor del otro que aún desconocido se disemina por el ambiente dejando el aire pesado, es la búsqueda del sacrificio propio en pos de salvar.
Y en el constante dominio de este factor, hay una masa que vive, piensa y a veces sueña sin pesadilla intentando cambiar lo que tiene el potencial de dejar de ser para ser otra cosa, pero redescubre constantemente que la posibilidad de perder constituye el valor más puro y es casi necesariamente consecuencia de un querer desmedido e incapaz de perecer.

miércoles, 17 de marzo de 2010

Escritos entre Rutinas VI


Acá llega la cuenta regresiva. Esa en la que los números parecen rebotar en las calles apurando a cada quien que se interponga en el camino. Sí, hay muchas horas, más aún minutos y ni contar los segundos. Existen citas para disfrutar, amigos para encontrar, trabajos para presentar, lugares para llegar. Una rutina de cinco minutos que sin lugares ni destinos, culmina en veinticuatro horas.
Desde allí se empieza: Un sonido matutino como agua en el desierto, al igual que cada día, a la misma hora. La voz que suena por cada rincón: “Apurate que es tarde”. Y luego la travesía, el transporte, un viaje eterno y el reloj ahí esta: muñeca, pared, celular, automóvil, boleto y “disculpame ¿tenés hora?”.
Correr, caminar, empujar… hay demora. Tenés que esperar. ¿Cuánto tiempo? ¿Quién sabe? Mirar el reloj, observar el reloj: “qué pérdida de tiempo”, “lo que podría estar haciendo ahora”. Paciencia…un minuto, dos minutos, tres segundos…”no puedo esperar más. De la mañana a la noche, cinco minutos ¿lo notaste?
Dejemos de especificar tanto las palabras de cada día, los sermones en la mañana, las frases que se escuchan en cualquier parte del mundo, en cualquier idioma, dialecto, lengua.
Entonces frenemos todo. Basta. Sigue corriendo, te sigue moviendo. Saquémosle la vida a la aguja que te está marcando el paso, a esa caja que TIC, a esa caja que TAC.
Vivimos aferrados a un tiempo, a un mundo esclavo de un sentido de ubicación en el espacio y las horas. No nos movemos sin eso. No hay organización, ni meditación, ni reflexión. Comienza y termina. Hay receso. Todo con su límite, su desenfrenada y apacible dirección.
Hay que cuidar el reloj, la aguja, el tiempo. Nunca llegues tarde y armate de paciencia y de valentía: la espera te acecha. Buscamos el tiempo, luego lo criticamos. Llevamos cada cosa a un horario predeterminado que se manifiesta al cumplir con la vista coordinada con la pequeña pulsera que llevas en tu muñeca.
Ahora hagamos la prueba. Quitate el reloj. Todo al libre albedrío. Ahora bien, ¿podrías criticar la espera? No, no hay espera. Entonces, no hay desesperación. No hay miedo, ni tortura. Pasa y pasa y pasa. Mirá el sol y la luna, es de día, es de noche. Ya es la tarde, tomemos un café. Es noche, cenemos, ¿vamos a dormir?
Dejemos de correr, en un rato nos encontramos. Quizás llego más temprano. No importa te espero total, ¿qué apuro tenemos? Si no llegamos a ningún lugar, no vamos a ningún lugar. No hay citas, ni sitios reservados, sólo quiero verte.
Es la mañana, sale el sol. Hay que levantarse y tu cuerpo lo sabe, tu mente lo sabe. Pero hay algo en tu esencia que se opone, un instinto superior que no quiere ser dominado. Trabajar, el tren, el colectivo, la oficina: Dominarse.
Es la tarde, un rato de gimnasia, una salida a tomar algo con amigos, una buena taza de café para seguir despierto. Y la noche, ¿salimos? ¿a donde vamos?? Voy a casa, comer y dormir. La rutina del cuerpo, la vida de una máquina. ¿Realmente lo necesitas?
Reloj, reloj de las horas. “Dame un minuto”. “Te espero dos segundos”. “En cinco estoy”. Basta. Paremos.
Si no hubiera tanta maldita ubicación en el tiempo, viviríamos mil veces menos estresados. Pero nos encontramos acá, en medio de un mundo preescrito. Todo debe estar planeado, nada puede surgir. Todo tiene su tiempo, y ese tiempo se cumple y se repite cada año. Cada vez te das cuenta que el tiempo pasa y paso otra vez y seguimos acá. Y ¿qué? ¿Alguien se dio cuenta?
No, cada uno tiene su tiempo. Cada uno ve su hora de otra manera. Así nos movemos. Viendo lo que te marca la aguja. Entonces podemos decir que en cierta forma no somos dueños de nuestros pasos. Somos dependientes del minutero. Somos dependientes de un número. ¿Te diste cuenta? Fijate en tu reloj. ¿Qué tenés que hacer?

viernes, 18 de diciembre de 2009

Escritos entre rutinas V (el arte de posponer)

El arte de posponer es una prática realizada desde el principio de la humanidad. El arte de posponer modela excusas suficientes y concretas para combatir al instinto y a la intuición. Se envuelve entre capas oscuras que, groseramente, llamamamos mentiras y reprime a golpes a las acciones. Suele decirse que esa acciones no realizadas se involucran pasivamente con promesas de un hablante no identificado, que asume un compromiso para consigo mismo, otro ser humano, Dios o incluso un objeto. Dicho arte es el más famoso alrededor del mundo y se lo llama "arte" por poseer rasgos de estilo innovadores, que están a cargo del artista en cuestión. Los especialistas suelen decir que este tipo de expresión es involuntariamente contraída por todo individuo y comienza a aparacer desde los primeros años de vida.
El arte de posponer cuenta con una musa como causa que debe ser conocida en profundidad para llevar a cabo el arte. El proceso culmina en una consecuencia que visualiza el artista a corto o largo plazo, pero siempre a futuro. Hablamos del arte de posponer enunciador cuando el artista procede a una promesa verbal hacia otro ser que comprenda sus palabras.
La musa, y al mismo tiempo causa, puede manifestarse en cualquier situación, sentimiento u opinión. Esto genera en el artista un desvinculamiento que lo induce a posponer a borbotones. Llamamos "libre" a dicho arte porque sus formas y conceptos dependen únicamente de la naturaleza actual del artista que expresa.
El proceso cuenta con tres fases: asimilación de la causa, idea de posponer y finalmente el acto de posponer propiamente dicho. Como ya se ha mencionado, a ello se le suma en algunos casos el concepto "enunciador". En cuanto a la consecuencia, es imposible determinar si fue realmente la pretendida por el artista en el proceso o es resultado de la falta de cálculo. Aún así, existen dos consecuencias. La consecuencia autoral planeada es, valga la redundancia, la que planeó el artista en su cabeza. La consecuencia real objetiva es el verdadero efecto de este proceso comprobado empíricamente. Dentro de esta consecuencia se puede reconocer la categoría nula, es decir, cuando lo que se ha querido posponer no se realizó ni pretende ser realizado. En la categoría tangible encontramos a los actos consecuentes del proceso que han sido realizados tal como el autor lo había presagiado.
El arte de posponer se vuelve complejo cuando la consecuencia es otra obra del arte de posponer y lo mismo pasa con la consecuencia de la última, es decir, dicho arte entra en una sucesión infinita. Muchas de estas obras concluyen en nulidad.

Con un poco de sarcasmo, ingenio y diversión intento manifestar dicho arte. Un arte que me atrapa pero ejecuto casi sin conciencia. Dentro de la reprogramación de actividades somos víctimas y artistas. Es posibile notarlo en día a día, en la rutina y en los escritos. Cabe destacar que no es un arte maldito sino una negación paulatina y una libertad momentánea que, simplemente, patea hacia un futuro poco determinado aquella acción que, de una manera u otra, pesa, pica y molesta. Reconosco mi arte de posponer y lo sigo ejerciendo, en parte por gusto y en parte por instinto natural incontrolable e inconciente. Incursione en su propio arte y vea las respuestas. Arte de posponer, máquinas para estirar, dejar para mañana, "chicle cotidiano" o como usted quiera llamarlo.

jueves, 5 de noviembre de 2009

Por la ruta V

Semana rutera. Todo es producto de la esencia rara que tiene Buenos Aires. Es el calor y la lluvia, la humedad traicionera que se empalma en el cuerpo apenas uno pisa la vereda. La ruta colmada de vehículos y yo me siento un punto. Un punto porque para evadirme del contratiempo del avance de vehículos, imagino mi ser en un helicóptero. Miro hacia abajo y ahí estás, aplastada contra la ventana, el sol está saliendo timidamente, el agua de lluvia entra galopante y vos respirás.
El aglomeramiento se hace presente. La escalera del subte no se ve, las personas son escaleras que suben y bajan, mecánicas, dominadas. Bajo tierra todo es diferente, no llueve ni hay sol. El cielo es negro, los árboles son cables. La campana de salida es penetrante, es causa de la lucha por cruzar la puerta antes de que sea cerrada. Estaciones van, estaciones vienen. Buenos Aires está ahí arriba pero no se escucha, está ríendo en silencio y yo que justo tenía ganas de charlar.
Florida con lluvia es hermosa. Café mirando la lluvia que cae en Florida, la gente en paraguas, los paraguas en la gente, la peatonal volviéndose agua, es verse escritor y argentino. Todo confluye en inspiración. La gente camina apresurada y yo voy esquivando acelerados, viendo cuán inútil es verlos bajo sus paraguas. La lluvia me empapa y es lluvia bonaerense, es una cuota de humedad para sentirse porteño. A la calle la recorro y suenan las guitarras, suenan los anunicantes y a todos los calla un trueno.
Avenida de Mayo me trae una ráfaga de oscuridad. Humo, bares y basura recolectada. De un salto estoy en otro subte y ahora me siento en otro siglo, en algún lugar de Europa que no reconosco. El asiento de madera rechina y las lámparas iluminan media cara. Arriba llueve pero abajo no se siente, en el medio todo se frena, trabas, barreras al agua. Luego me pierdo de todo ese cuento y en la plaza la nueva decadencia me rodea. Me contesto que esto no se creo solo, me deprime en parte, pero me alegra tener el boleto a casa en la mano.
Al día siguiente todo es lo mismo de nuevo, pero esta vez bajo el sol. No es café en Florida, es librerías de Callao. El mundo de los libros me saca de Buenos Aires, me saca del país y del planeta. Me siento inferior a ellos y en ellos me encuentro reflejada, quiero leerlos eternamente y guardar en mí una parte de cada uno. La manifestación me baja a la tierra. Es hora de volver.
Sin embargo, la ruta parece linda cuando uno se siente libre. El horario y la necesidad corren, pero la decadencia emotiva la dejé tras esa puerta. Por la ruta necesité caminar bajo la lluvia y recorrer lo que me rodea. Me gusta y eso me da aliento. Siempre buscando lo nuevo en lo viejo, intento que mi mirada sea incansable. Quiero tener en mi vida la imagen y el recuerdo, caminar y escribir, ser una más y nadie menos.
Escribir. Ver las letras transformadas en palabras. Ver palabras coordinando ideas, ver mis ideas escritas, pequeñas, inmortalizándome. Es mi creación. Es lo mío y lo más mío que tengo, dispongo y deseo. Es mi alma en oraciones. Escribir es abrirle la puerta al pensamiento, a la observación, a la frágil locura del día. Escribir habilita mis manos y en mi letra soy libre. No me pierdo, no me escondo. Escribiendo descubro nuevos pasajes de mi mente, voy recorriéndome, imaginándome.
Cuando escribo cada momento se manifiesta y deja su constancia: todo lo que hago, lo que leo, lo que miro, lo que escucho, lo que amo. Escribir es un remedio y una enfermedad. Es encontrar la solución al problema, es contraer adicción a las palabras. Palabras, palabras eternas, únicas, esas que no se encuentran en cualquier texto. Palabras que me definen y al mismo tiempo me desdibujan.
No puedo dejar de escribir. No puedo porque aún cuando no escribo, estoy escribiendo. Viajo y escribo en mi cabeza. Veo el papel, veo las oraciones creándose solas, como si me dominaran paulatinamente. Luego no sé si yo escribo o si las palabras me escriben a mí. Mientras tanto me alejo pensando, pero me quedo en el lugar, sabiendo que no estoy y que nunca estaré ahí, sabiendo que mis palabras me llevan a un mundo que alguna vez creé pero no se cuándo ni cómo.

lunes, 31 de agosto de 2009

Vos, más que nadie, esencia intacta

El mundo te mostró de todo y te lanzó frágil desafiando tus constancias y tus probabilidades. El mundo te condenó a gritar y a la lucha inigualable por alcanzar todos tus sueños. La vida te tentó a la espera, a las desilusiones, a las desconfianzas. La vida te rogó sacrificios inesperados, fuerza y pasión por lo que decidiste ser, cambios necesarios, sufrimientos, pérdidas y hasta a veces, fracasos.
Pero vos, vos, más que nadie mantuviste tu esencia intacta. Luchaste contra discriminación y contra todos tus conflictos. Lo hiciste entera sin mostrar lágrimas, te mostraste fuerte, te apoyaste en tu integridad y en tus convicciones. No te molestó dar, no te molestó compartir. Te fuiste armando un destino lleno de sorpresas que ni vos misma podías presagiar. Quemaste tus pestañas frente a libros eternos, cancelaste horas de sueño por unos pesos en el bolsillo de los que amás. Incluso fuiste en contra de tus complejos, de tus imágenes.
Lograste propuestas que te habías hecho desde que estabas adolesciendo. Triunfaste buscando un lugar donde desarrollar todo tu genio, tu inteligencia, tu facilidad para opinar, decidir e imponer tus convicciones. A pesar de las negativas, a pesar de los tropiezos, de tus lágrimas secretas, nunca nunca dejaste de avanzar. Y tu esencia estuvo intacta.
Un día te marchaste a conocer nuevas tierras, echaste pequeñas raíces, sembraste algunas semillas y te enamoraste de ese sueño realizado. Te gustó que al fin todo eso que anotaste en tu agenda se haga realidad. Y encontraste amigos, y encontraste amores, y aunque en cierta forma extrañabas tu lugar de origen, sentiste que todos tus sacrificios estaban siendo recompensados.
Ayer volviste a esa tierra, pero esta vez a plantar bosques enteros. Y todas tus pestañas gastadas, todos los miedos y pérdidas, todo el fracaso y triunfo se fue volando con vos, pero apretados en valijas eternas, en esas valijas que hace años empezaste a armar despacito, y hoy ocupan un puntito del otro lado del mundo. Te vas mericiéndolo y aguantando esa pizca de amargura, porque nadie dice que es fácil mudar una vida completa. Sin embargo tu sonrisa recuerda, demuestra, cuán intacta, cuán auténtica sigue tu esencia.
El bosque nuevo que plantes te va a llenar de hojas de recuerdos, de tormentas amorosas y días soleados de amistad. Hoy ya no hay barreras, sólo trenes hacia la libertad.

Escritos entre rutinas IV

Nos llevarás hasta la cornisa. Hasta la abolición de las esclavitudes adornadas de trabajo. Te irás cayendo vos, mientras nosotros aplaudimos fuegos artificiales y cantamos triunfantes canciones de liberación. Te encontrarás con piedras y nosotros seguiremos nadando contra las corrientes de discriminación, contra la miseria que arrojás sabiendo que estaremos ahí para que nos pesques, porque sabés que nuestro bolsillo no está lleno. El hambre se nos esconde en la piel, pero subsiste mientras tu amor vacío te pega despacito, en la cara.
Nos vamos ahogando todos y tu bote no puede rescatarnos, porque la materialidad no nos libra del desastre, de las miserias. Hay cosas que nunca vas a poder comprar, hay vidas que tu bolsillo no tiene, que no tienen tus cuentas, ni tus valijas, ni tus cajas. Hay un desorden en todo este privilegio que te inunda de satisfacción. Y sobre nuestra conciencia social sembrás esperanzas falsas, sacrificios que no te existen, que no te pertenecen, porque no entendés el concepto, porque no es lo mismo despertar en tu cama que en el piso. Nada es lo mismo. Algunos disfrutan subestimar.
Bajo el cuello de los que logran llegar hacia algún rincón de sabiduría abstracta se esconde la vida sacrificada de ellos, de sus sueños, de la locura por la que hay que pasar y de lo lindo que es llegar. Y sin embargo seguirás conduciendo tu auto, habitando tu enorme casa, mientras un grupo trabaja para vos, y vos te crees dueño.
Todo cae hacia los peores fondos, sin embargo tenemos inigualables sonrisas y tu amagura se enrosca en placeres mundanos. Que extraña casualidad.

jueves, 20 de agosto de 2009

Por la ruta IV (Mujer de diente único)


Cuando todo florece en la tarde, hay un aire somnoliento que me envuelve y me provoca sueño y náuseas. Es un cansancio extremo sobre las espaldas, sobre los pies, acobardando de a poco el aura y toda energía. Voy por la ruta, siempre el sol de lleno en la cara, tibio, despidiéndose. Auriculares en los oídos me arrebatan de todo lo que pueda llamarse mundano, floto en el asiento minimizándome, ahuyentándome.
Es la interrupción, es algo más fuerte que la música. Es la mujer de diente único gritando sus penas frente a las caras rutinarias, es la mujer rebajándose, provocando lástima, es la mujer reflejando la realidad social.
Fue hoy, la quise escuchar, quité mis auriculares. No pude. Es una especie de destrucción constante, me sentí frustrada, me sentí menos por no poder escucharla. La realidad es que bastaba con abrir los ojos, mirar los suyos, que hablaban gritando, horrorizados frente a la nada, frente a la necesidad de limosna. Rechazé escucharla por miedo a estallar de angustia, pero ella seguía allí y levemente sonreía. Con su diente, su único diente, sonreía. Y la sonrisa le venía del alma.
Toda la música se largó en caída libre, cuando el que supongo era su hijo, se abría paso entre la gente desconcertado, sin saber bien que debía hacer. La compasión de los viajantes se limitó a un par de monedas en sus manos. Su piel y su inocente infancia sonreían. La mujer seguía moviendo sus labios, daba las gracias, la pude leer.
Por mi parte, no pude más que sacar los setenta y cinco centavos que traía en el bolsillo. Se los dí y me sentí inútil, miserable, impotente. Pero la mujer de diente único seguía allí, de la mano del niño morocho, acompañándose, escapándose hacia algún refugio. El poder de imaginación de la mente, me sacó completamente del asiento, de los auriculares, del colectivo, de la ruta. Los vi muertos de frío en la noche, los vi llorando, los vi rezando por un pedazo de pan, los vi contando monedas esperanzados. Probablemente algún viajante sintió lo mismo que yo. Lo cierto es que desesperé ante ese hecho, ante la decadencia de saber que una moneda fría le puede sacar una sonrisa a un ser humano. Ante la falta de decisión y la falta de recursos para dar más, más de lo que se quiere, más de lo que se puede.
Por la ruta se bajan y otra película se acaba, pero esta vez somos todos protagonistas. Y entre susurros, tímida me pregunto, que sería yo, como actuaría yo, si en un pararelismo abstracto me tocara a mí ser la mujer de un sólo diente de la mano del niño morocho. Todo confluye en desórdenes.

martes, 18 de agosto de 2009




"Amor 77
Y después de hacer todo lo que hacen, se levantan, se bañan, se entalcan, se perfuman, se peinan, se visten, y así progresivamente van volviendo a ser lo que no son"

De su mano salen varias de estas inspiraciones. "Van volviendo a ser lo que no son": Necesito alguien que urgente me explique cuándo somos. Es que no entiendo si somos hoy, si somos mañana o si solamente se dice que fuimos cuando dejamos de ser y en todo caso no existe tal palabra llamada "somos". Muchas veces me pregunté si uno es constantemente o sólo es cuando busca ser y está completamente seguro de hacerlo. Pero detrás de todo este verbo y toda su filosofía aparecé el ¿qué?, aparece el ¿quién? Y si yo no puedo dar respuesta a mi propio acto de ser, no puedo sin duda dar respuesta al acto del ser humano general. Pero me gusta pensar que no es tan simple como ser desde que se nace. Es una lucha constante por la supervivencia y por vivir, y es dejar que la esencia descubra el mundo, sin esencia personal no se manifiesta el acto de ser, dado que si mientras somos tomamos parte de la esencia de otro, ya estamos siendo mitad, y ni que hablar de los carentes absolutos de personalidad. Luego pienso y me remonto a las sabias palabras de un profesor de la facultad. Según él, vivimos actuando. (Voy a remontar este tema más adelante). Es decir, hacemos de cuenta que somos trabajadores, si señores, yo hago de cuenta que soy una recepcionista estúpida, pero es esto, ¿es eso lo que realmente soy?. La respuesta es No. Hacemos de cuenta que somos tanto, hago de cuenta que soy hermana, que soy novia, que soy estudiante. Pero la verdadera pregunta es cuándo esa actuación deja de ser un "hacer de cuenta" y pasa a ser algo propio. Y es ahí que aparece la esencia, eso que nos envuelve por dentro y por fuera, pero es única de cada uno. Cuando toda la esencia descubre qué es, y toma conciencia, y lo grita hacia el aire, ahí bien, dejamos de hacer de cuenta que, y somos. Yo soy estudiante, soy novia, soy, hermana, hija, sobrina, amiga, nieta, sé que lo soy y me siento parte de eso. Soy muchas cosas más, soy adjetivos, soy sustantivos, soy palabras, situaciones, momentos. Pero hay mucho que No soy. Y lamentablemente, para sobrevivir, tengo que hacer de cuenta que, por el momento, hasta poder rechazarlo.